Hay momentos en nuestra vida que parecieran ser de fantasía, con esto quiero decir, que todo nos va tan bien que pareciera irreal. Sin embargo, de un momento a otro cual tormenta en medio de un vasto océano las dificultades de la vida pueden golpear nuestra nave (barco) tan fuertemente que toda aquella certeza y seguridad que teníamos se hunde ante nuestros propios ojos, dejándonos náufragos de nuestros propios errores. El apóstol Pablo paso por un naufragio y Dios intervino en su vida de la siguiente manera:
v.13 Y como comenzó a soplar una brisa del sur, les pareció que podían continuar el viaje. Entonces levaron anclas y fueron costeando Creta. v.14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. v.15 La nave era arrastrada, y al no poder poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. v. 16 Después de pasar a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. v.17 Una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para asegurar las amarras de la nave; y por temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. v.18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a deshacerse de la carga, v.19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. v. 20 Al no aparecer ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. v. 21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: –Habría sido por cierto conveniente haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. v. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave, v. 23 pues esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, v. 24 y me ha dicho: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; además, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (Hechos 27:3).
Al leer los versículos anteriores nos damos cuenta que el navío de Pablo ya venía hacienda escala en otros lugares y que con mucha dificultad, a causa del clima, llegaron un puerto llamado: “buenos puertos”. El apóstol exhorto a sus acompañantes a pasar allí el invierno, pero ello no escucharon y decidieron seguir su camino rumbo a Roma.
El verso trece nos habla de que “les pareció”. Es muy fácil navegar en el mar de la vida de acuerdo a nuestro parecer, sobre todo cuando nuestros planes mejor van. Nuestra estructura es fortalecida por nuestro parecer dejando a un margen la voluntad de Dios para nosotros. Lo preocupante es, que cuando Dios no forma parte de nuestra vida, la estructura que vivimos, nuestro barco, se llame como se llama es nuestro todo. Por lo tanto ponemos en riesgo navegando en esta vida, no un área de nosotros, sino toda nuestra vida; sin entender que como dice la escritura, la vida es más que la comida y el vestido. ¿Qué quiere decir esto? Que la vida que Dios nos ha dado va mucho más allá de cualquier necesidad básica que podamos tener.
El verso catorce dice que iban costeando Creta. El nombre Creta, en el original significa carnalidad. ¿Qué es la carne? En el original la biblia define la palabra carne o carnal como la parte blanda del cuerpo, es decir, la carne sin vida de nuestro cuerpo. Esto es en sentido contextual; ahora, en sentido figurado, significa la unión de nuestra alma con nuestro cuerpo para pecar. Ambos casos hacen referencia a lo mismo, un hombre sin Dios. ¿Qué puede significar costear la carnalidad? Podemos pensar en algo así como “sondearla”, navegar al límite de la carnalidad y del pecado. Navegar la vida de acuerdo a nuestro propio parecer nos lleva a vivir al límite del pecado y la carnalidad. ¿Cuál es el límite? El pensamiento. Si bien, como remarcó Jesús en varias ocasiones, tanto pensar en el mal como llevarlo a cabo es igualmente pecado, existe una diferencia. Las consecuencias humanas. Pensar en matar a alguien y realmente matarlo tiene repercusiones diferentes. Ahora bien, la carnalidad nace en la mente y la mente es el límite entre la idea y el hecho (Proverbios 23:7). Por lo tanto, si Creta significa carnalidad y Pablo quería quedarse en un lugar seguro dentro de Creta llamado “buenos puertos”, El único lugar en el cual podemos estar seguros de nuestra naturaleza instintivamente animal y carnal es en una mente iluminada por el Espíritu Santo. Pablo dijo: ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la ley del pecado (Romanos 7:25, RV95). Si nosotros no permitimos que la verdad de Dios entre en nosotros, si persistimos rebelde y tercamente actuando de acuerdo a nuestro propio parecer, la Escritura dice que así como nosotros no tenemos en cuenta a Dios, Dios nos entrega a una mente reprobada para que hagamos cosas que no nos convienen (Romanos 1:28). ¿Qué significará que Dios nos entrega a una mente reprobada? EL teólogo Berkof dice en relación a esto que Dios no hace nada, solo se abstiene de iluminarnos, el resto lo hacemos nosotros mismos. Es decir, Dios no nos imparte la lucidez necesaria para que podamos hacer lo que es correcto. Esto es realmente serio, ya que cuando no tenemos en cuenta a Dios, Dios se abstiene de hacernos bien. Imagínese viviendo una vida sin la gracia y la bendición de Dios, verdaderamente lamentable. Es por esta misma razón, que el salmista David confesando su pecado de homicidio pidió a Dios que no quite de él su Santo Espíritu (Salmo 51:11). Dios no necesita darnos ningún mal para dañarnos, con abstenerse de hacernos bien basta.
El verso catorce dice “no mucho después”. Las consecuencias por vivir una vida pecaminosa y carnal nunca se tardan, a la larga todo lo que se siembra se recoge. Especialmente cuando se siembra en la carne, de ella se recoge destrucción dice la versión BAD (Gálatas 6:8).
En el verso quince leemos que no pudiendo enfrentar aquel temporal se tuvieron que dejar llevar por la corriente. Cuando dejamos nuestro “buen puerto” las presiones de la carne nos arrastran hacia la dirección que menos nos conviene.
Luego de esto, en el verso dieseis, observamos que pudieron obtener cierto resguardo del viento al pasar una isla llamada “Clauda” para subir el bote salvavidas que venían arrastrando por lo menos unos treinta, treinta y cinco kilómetros y es muy probable que también estuviera lleno de agua por eso les costó tanto subirlo. Además pudieron reforzar la nave. El nombre “Clauda” en el original significa: “voz de lamento”. En un sentido práctico, tener una voz de lamento significa expresar el dolor o la aflicción propia. Si bien esto es bueno como catarsis, como un desahogo, trayendo cierto alivio y permitiéndonos “rearmarnos” nuevamente; no nos proporciona ni un cambio, ni una solución permanente. De ahí es que vemos personas, que quizás al no tener los recursos o medios necesarios para solucionar su situación, se la pasan constantemente hablando de sus necesidades. Este un alivio corto que les permite respirar por unos momentos para regresar luego al mismo caos.
En el verso diecisiete encontramos que por temor a caer en la Sirte (bancos de arena) nuevamente se dieron a la deriva. Cuando el manejo de nuestra nave (vida) no es el adecuado llega un punto en que cualquier decisión que tomemos parecería ser la incorrecta, por lo cual, seguimos igual.
El verso dieciocho nos habla de la perdida. Aparentemente sucedían dos cosas. O la braveza del mar tiraba cosas al agua o los mismos marineros lo hacían para aligerar el peso de la nave. Frente a las tormentas que enfrentamos sin Dios siempre tenemos perdidas. Sea en la salud, en la economía o en la familia.
En el verso diecinueve vemos a Pablo y a Lucas, Autor y participe de libro de Hechos echando cosas por la borda. Hay oportunidades en que la braveza de la vida nos arrebata cosas y hay veces en que nosotros mismos nos encargamos, para preservarnos, de echar a otros por la borda. Recordemos como Adán echo por la borda a Eva, diciéndole a Dios que la culpa por su pecado se debió a Ella. Eva echo por la borda a la serpiente. Así muchas personas echan por la borda a otros para justificar su propia lejanía de Dios. ¿Cuántas personas se han apartado del evangelio por lo que otros han hecho? Como si la culpa de poner la fe, la confianza y los ojos en los hombres y no en Dios, haya sido de Dios y no de nosotros.
En el verso veinte encontramos una expresión muy fuerte por parte de Lucas: “Habíamos perdido toda esperanza de salvarnos”. Al no poder visualizar el cielo, habían perdido su sentido de dirección, y al no saber hacia dónde ir, encontrándose el barco en un mal estado a causa de todo lo que venían padeciendo ya habían perdido la esperanza. De todo lo que se pierde en esta vida, lo último es la esperanza.
En el verso veintiuno hallamos el “se los dije” de Pablo. Dios siempre utiliza algún medio para expresarnos su voluntad y advertirnos de nuestros malos caminos.
En el veintidós Dios envía un ángel para traer una palabra de salvación a Pablo y a todos los que estaban con él. El mensaje dice que la nave se perderá. Para comenzar de nuevo muchas veces es necesario que Dios destruya nuestra nave, aquella estructura sobre la cual estabamos parados y pensábamos que nos llevaría hacia donde nos parecía que podíamos llegar. Dios le dice a Pablo que él se salvaría por el testimonio que debía dar ante el emperador, y junto con a él, todos los demás navegantes. Es una perspectiva egoísta pensar que lo que hacemos con nuestra vida solo nos afecta a nosotros. Como parte de una familia todo lo que hacemos afecta a los demás. Y si por rebeldía actuamos autodestructivamente, no solo afectaremos nuestro futuro, sino también el bienestar de quienes permanecen junto a nosotros. De igual manera, si nuestras vidas reflejan el testimonio de nuestro salvador Jesucristo, no solo seremos salvos nosotros, sino que también alcanzaremos a quienes navegan junto a nosotros.
El apóstol Pablo dijo de sí:
“Por tanto, que los hombres nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4:1 RV95).
La palabra “servidores”, en el original es “juperetes”, que quiere decir; “subremero” o “remero subordinado”. El apóstol está diciendo, que los hombres nos consideren como subremeros de Cristo. Es decir, nosotros remamos hacia donde Jesús nos dirige y no hacia donde nos parece bien a nosotros. Dice la Escritura que Jesús ascendió a la diestra de Dios y nos dejó al Espíritu Santo en su reemplazo para que este nos guie a toda verdad. Pidamos a Dios que su Espíritu Santo ilumine nuestras mentes para que naveguemos hacia nuestro futuro, hacia nuestra eternidad, cumpliendo con la voluntad de Dios agradable y perfecta (Romanos 12:2).
