domingo, 2 de mayo de 2010

Un dios de bolsillo


Es muy común y hasta normal podríamos decir, en nuestros días escuchar a la gente decir fuera de la iglesia: “yo creo en Dios a mi manera”. Es decir, la gente reconoce una entidad suprema creadora de todo, sin embargo, ven sus vidas como exentas a esa creación y al dominio de Dios. ¿Qué es Dios para ellos entonces? Una salida de emergencia, un as bajo la manga, un saber que Dios existe en caso de necesidad. Algunos realmente llevan la imagen de sus dioses a quienes ruegan e invocan en tiempo de necesidad cual ídolos paganos en sus billeteras o monederos, como adornos dentro del auto o de la casa. Si bien, algunos los llaman santos, en realidad no son santos bajo los parámetros bíblicos. Según las Escrituras no existe la idea de que algunos seres humanos hayan llegado a ser “santos” en una manera especial o en un mayor grado que otros. Pablo escribe en su saludo introductorio a la iglesia de Corinto:

“...a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro...” (1 Corintios 1:2, RV60)

Todos los que invocan el nombre del Señor han sido llamados a ser santos. Además el verdadero significa de ser “santos” se aplica más a nosotros, quienes vivimos aquí en esta tierra, que a los mártires o cristianos que ya se encuentran ante la presencia de Dios. La palabra santo en el original, quiere decir apartado, separado como sagrado. ¿Separado de qué? De la vida pecaminosa que el mundo nos ofrece a diario. Por lo tanto, el verdadero llamado a la santidad se muestra y desarrolla, como decía Pablo, en esta tierra. Lo que hace diferente el ambiente en donde nos movemos no es el espacio de tierra, sino que el nombre de Jesús es invocado por nosotros.

Cuando el cajero de un banco debe aprender a distinguir un billete verdadero de uno falso, no se le muestran los cientos de billetes falsos que existen, sino todo lo contrario, solamente le enseñan el billete verdadero para que aprendan todos los elementos que lo conforman. Es así, que por la ausencia del algún elemento en el billete verdadero pueden distinguir un billete falso.

Lamentablemente mucha gente es engañada con muchos Jesús falsificados, con dioses de bolsillo, y lo peor de todo esto no es la imposibilidad de conseguir un milagro o satisfacer alguna necesidad, sino el no poder principalmente conocer al Dios verdadero, vivir de acuerdo a su voluntad y obtener su vida eterna. Si bien, Dios está interesado mediante su evangelio integral que recibamos, mediante sus grandísimas promesas las cosas que nos son necesarias para vivir esta vida terrenal, más interesado está aún de que recibamos la salvación eterna para nuestras almas. Con esto quiero decir, que cuando somos engañados y perdemos el tiempo con un dios de bolsillo, no ponemos en juego un milagro; ponemos en juego nuestra eternidad. El apóstol pablo se encontraba en una situación similar. Creía en Dios a su manera, persiguiendo y matando a los cristianos. Él dice de sí mismo:

v. 6 "Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;
v. 7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
v. 8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
v. 9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.
v. 10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.
v. 11 Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.
v. 12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,
v. 13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.
v. 14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.
V. 15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.
v. 16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (Hechos 22:6-.16, RV60).

En el verso 7 Pablo, en ese entonces llamado Saulo, tiene un encuentro con Jesús y lo primero que le ocurre es caerse, probablemente de un camello y enseguida escucha la vos de Jesús preguntándole “¿por qué me persigues?”. En muchas oportunidades Dios permite que “caigamos” en las diferentes áreas de nuestras vidas para que podamos, en una condición más vulnerable escuchar su vos. Lo primero que Jesús dice a Saulo, es que a pesar de sus buenas intenciones el camino que está siguiendo no es el adecuado y que aunque crea Saulo que está haciendo la obra de Dios, en realidad la está destruyendo. En el evangelio de Jesús no hay un “a mi manera”, es a su manera o no hay otra manera. Dijo Jesús “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30, RV60). Cuando uno no sigue al verdadero Jesús cualquier imitación va en su en contra.

La primera pregunta que todo cristiano debería hacer es la misma que Saulo le hizo a Jesús en el verso 8: ¿Quién eres? Vemos como Saulo tenía originalmente un concepto erróneo de Dios, de Jesús y del evangelio. Más allá de todo lo que pudimos haber oído o aprendido con respecto a Jesús es necesario buscar una revelación personal de Maestro y dejando a un lado todos nuestros pensamientos preconcebidos con respecto a él, esperar sus respuesta. Jesús busca revelarse a nuestras vidas personalmente para que no hablemos de oído, como dijo Job, sino por experiencia.

El verso 9 dice que Saulo y los que estaban con él vieron la luz, pero que solo él, entendió, dicen otras versiones, escuchó, la voz de Jesús. Cuando Jesús se revela a nuestras vidas no siempre los demás entienden lo que estamos viviendo, lo que Jesús quiere hacer o espera de nosotros. Debemos estar dispuestos a ir contra la corriente si fuera necesario.

En el verso 10 encontramos la segunda pregunta ¿Qué hare Señor? Luego de entender quién es Jesús, entonces podemos preguntar qué hacer. Saulo hacía mucho, pero lo que hacía no era lo correcto; porque el conocimiento que tenía de Jesús no era el verdadero. Muchas veces se observa fuera y dentro de la iglesia a gente que quiere hacer mucho para el servicio y la obra de Dios pero por no conocer a Jesús actúan y reaccionan humana, es decir, a su manera y no a la de Cristo, y naturalmente dan lugar al mal testimonio. Existe una gran diferencia entre hacer la obra del ministerio y saber hacerla. La diferencia reside en el conocimiento que tengamos de Jesús. Un conocimiento falso de Jesús da como resultado un evangelio falso, un testimonio falso y una vida falsa. Y por el contrario, un conocimiento verdadero de Jesús transmite un evangelio íntegro capaz de cambiar vidas y de glorificar al único y verdadero Dios en toda su plenitud manifestada en la faz de Jesucristo mismo.

En los versos 11 al 13 vemos como Saulo es guiado por Dios nuevamente a su camino origina (Damasco) Pero ahora con una perspectiva diferente de las cosas. Recibe la vista a través de Ananías, sinónimo de realmente recibir la vista, la capacidad de ver, entender y conocer al verdadero Jesús.

El verso 14 nos habla del llamado de Saulo. Ananías le dice que Dios lo ha escogido para que conozca su voluntad ¿Cómo? Viéndolo y oyendo su voz. Ver a Dios es muchas veces más fácil que oírlo, especialmente cuando lo vemos, no como realmente es, sino encuadrado dentro de nuestra óptica limitada y finita. Mientras que oírlo, requiere de una disposición a escuchar y ejecutar su voluntad. En un concepto erróneo de Dios se interpreta a veces que Dios solo oye. Cuando uno escucha a las personas se da cuenta enseguida que hablan de Dios en relación a una petición o necesidad. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó a una persona hablar de lo que Dios quería de ella y no de lo que ella necesitaba de Dios? En realidad nosotros también debemos aprender a escuchar la vos de Dios en cualquier forma que se presente. No necesariamente debe ser en forma audible, puede ser por medio de situaciones difíciles, momentos de crisis, cambios, consejos, su palabra (la biblia), su Espíritu, hasta por las piedras si fuese necesario Dios puede hablarnos. La clave para conocer a Jesús es aprender a escuchar su voz, que nos revela quién es él, y que quiere de nosotros.

El verso 15 dice que Dios hacía a Saulo su testigo para que declare lo que había visto y oído. Para servir a Dios en cualquier aspecto de nuestras vidas, la familia, el trabajo, el estudio, etc. es necesario estar en las primeras filas de la acción. El testigo es una persona que presencia o adquiere un conocimiento directo y verdadero de algo. Cuando empleamos el verbo testificar para referirnos a la evangelización estamos refiriéndonos a la función de un testigo, es decir, a alguien que fué partícipe o adquirió en forma directa un conocimiento verdadero. Jesús quería hacer de Saulo su testigo, quería hacerlo partícipe de su verdad. Jesús quiere hacer de nosotros sus testigos. No basta ver y escuchar lo que Dios hace en la vida de otras personas, Jesús desea que nosotros también podamos experimentar como sus testigos la realidad y veracidad de su voluntad.

Y por último en el verso 16 Ananías dice a Saulo ¿Por qué te detienes? En otras palabras, ¿Qué esperás? Levántate. Si bien esta palabra no está dentro del contexto del verso 7 que describía la caída de Saulo, ya que se había levantado para ir a Damasco y encontrar a Ananías, luego de todo lo pasado, encontramos esta expresión como una preparación para la acción. Primero le dice “bautízate”. El bautismo simboliza sepultar al viejo hombre junto a la vieja vida. Esto también incluye las viejas nociones que teníamos de Dios, de Cristo y del evangelio. Pablo mismo le dijo a los corintos:

“Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora y a no pensamos así de él. Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo” (2 Corintios 5:16-17, DHH).

Luego le dice “lava tus pecados”. Por el orden en que se encuentra esta expresión, luego del bautismo, podría interpretarse como referente a la limpieza de pecados diaria, es decir al proceso de santificación. La limpieza de nuestras vidas es un trabajo diario, todos los días renunciamos al pecado, a la vieja vida y a la muerte que esta conlleva. Finalmente añade el versículo “invocando su nombre”. Invocar el nombre de alguien significa, llamar a alguien. ¿Llamar a quién? A Jesús. Es una necesidad fundamental para todo cristiano tener una relación personal con Jesús. Hay que llamar a Jesús por medio de la oración para establecer una comunicación, no un monologo. Podemos hablar y pedir, pero también es importante que aprendamos a escuchar su voz para conocer mejor su voluntad y entender así, que espera nuestro Señor de nosotros.