lunes, 10 de mayo de 2010

Naufragando en el mar de la vida

Hay momentos en nuestra vida que parecieran ser de fantasía, con esto quiero decir, que todo nos va tan bien que pareciera irreal. Sin embargo, de un momento a otro cual tormenta en medio de un vasto océano las dificultades de la vida pueden golpear nuestra nave (barco) tan fuertemente que toda aquella certeza y seguridad que teníamos se hunde ante nuestros propios ojos, dejándonos náufragos de nuestros propios errores. El apóstol Pablo paso por un naufragio y Dios intervino en su vida de la siguiente manera:

v.13 Y como comenzó a soplar una brisa del sur, les pareció que podían continuar el viaje. Entonces levaron anclas y fueron costeando Creta. v.14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. v.15 La nave era arrastrada, y al no poder poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. v. 16 Después de pasar a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. v.17 Una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para asegurar las amarras de la nave; y por temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. v.18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a deshacerse de la carga, v.19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. v. 20 Al no aparecer ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. v. 21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: –Habría sido por cierto conveniente haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. v. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave, v. 23 pues esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, v. 24 y me ha dicho: “Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; además, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo”
(Hechos 27:3).

Al leer los versículos anteriores nos damos cuenta que el navío de Pablo ya venía hacienda escala en otros lugares y que con mucha dificultad, a causa del clima, llegaron un puerto llamado: “buenos puertos”. El apóstol exhorto a sus acompañantes a pasar allí el invierno, pero ello no escucharon y decidieron seguir su camino rumbo a Roma.

El verso trece nos habla de que “les pareció”. Es muy fácil navegar en el mar de la vida de acuerdo a nuestro parecer, sobre todo cuando nuestros planes mejor van. Nuestra estructura es fortalecida por nuestro parecer dejando a un margen la voluntad de Dios para nosotros. Lo preocupante es, que cuando Dios no forma parte de nuestra vida, la estructura que vivimos, nuestro barco, se llame como se llama es nuestro todo. Por lo tanto ponemos en riesgo navegando en esta vida, no un área de nosotros, sino toda nuestra vida; sin entender que como dice la escritura, la vida es más que la comida y el vestido. ¿Qué quiere decir esto? Que la vida que Dios nos ha dado va mucho más allá de cualquier necesidad básica que podamos tener.

El verso catorce dice que iban costeando Creta. El nombre Creta, en el original significa carnalidad. ¿Qué es la carne? En el original la biblia define la palabra carne o carnal como la parte blanda del cuerpo, es decir, la carne sin vida de nuestro cuerpo. Esto es en sentido contextual; ahora, en sentido figurado, significa la unión de nuestra alma con nuestro cuerpo para pecar. Ambos casos hacen referencia a lo mismo, un hombre sin Dios. ¿Qué puede significar costear la carnalidad? Podemos pensar en algo así como “sondearla”, navegar al límite de la carnalidad y del pecado. Navegar la vida de acuerdo a nuestro propio parecer nos lleva a vivir al límite del pecado y la carnalidad. ¿Cuál es el límite? El pensamiento. Si bien, como remarcó Jesús en varias ocasiones, tanto pensar en el mal como llevarlo a cabo es igualmente pecado, existe una diferencia. Las consecuencias humanas. Pensar en matar a alguien y realmente matarlo tiene repercusiones diferentes. Ahora bien, la carnalidad nace en la mente y la mente es el límite entre la idea y el hecho (Proverbios 23:7). Por lo tanto, si Creta significa carnalidad y Pablo quería quedarse en un lugar seguro dentro de Creta llamado “buenos puertos”, El único lugar en el cual podemos estar seguros de nuestra naturaleza instintivamente animal y carnal es en una mente iluminada por el Espíritu Santo. Pablo dijo: ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la ley del pecado (Romanos 7:25, RV95). Si nosotros no permitimos que la verdad de Dios entre en nosotros, si persistimos rebelde y tercamente actuando de acuerdo a nuestro propio parecer, la Escritura dice que así como nosotros no tenemos en cuenta a Dios, Dios nos entrega a una mente reprobada para que hagamos cosas que no nos convienen (Romanos 1:28). ¿Qué significará que Dios nos entrega a una mente reprobada? EL teólogo Berkof dice en relación a esto que Dios no hace nada, solo se abstiene de iluminarnos, el resto lo hacemos nosotros mismos. Es decir, Dios no nos imparte la lucidez necesaria para que podamos hacer lo que es correcto. Esto es realmente serio, ya que cuando no tenemos en cuenta a Dios, Dios se abstiene de hacernos bien. Imagínese viviendo una vida sin la gracia y la bendición de Dios, verdaderamente lamentable. Es por esta misma razón, que el salmista David confesando su pecado de homicidio pidió a Dios que no quite de él su Santo Espíritu (Salmo 51:11). Dios no necesita darnos ningún mal para dañarnos, con abstenerse de hacernos bien basta.

El verso catorce dice “no mucho después”. Las consecuencias por vivir una vida pecaminosa y carnal nunca se tardan, a la larga todo lo que se siembra se recoge. Especialmente cuando se siembra en la carne, de ella se recoge destrucción dice la versión BAD (Gálatas 6:8).

En el verso quince leemos que no pudiendo enfrentar aquel temporal se tuvieron que dejar llevar por la corriente. Cuando dejamos nuestro “buen puerto” las presiones de la carne nos arrastran hacia la dirección que menos nos conviene.

Luego de esto, en el verso dieseis, observamos que pudieron obtener cierto resguardo del viento al pasar una isla llamada “Clauda” para subir el bote salvavidas que venían arrastrando por lo menos unos treinta, treinta y cinco kilómetros y es muy probable que también estuviera lleno de agua por eso les costó tanto subirlo. Además pudieron reforzar la nave. El nombre “Clauda” en el original significa: “voz de lamento”. En un sentido práctico, tener una voz de lamento significa expresar el dolor o la aflicción propia. Si bien esto es bueno como catarsis, como un desahogo, trayendo cierto alivio y permitiéndonos “rearmarnos” nuevamente; no nos proporciona ni un cambio, ni una solución permanente. De ahí es que vemos personas, que quizás al no tener los recursos o medios necesarios para solucionar su situación, se la pasan constantemente hablando de sus necesidades. Este un alivio corto que les permite respirar por unos momentos para regresar luego al mismo caos.

En el verso diecisiete encontramos que por temor a caer en la Sirte (bancos de arena) nuevamente se dieron a la deriva. Cuando el manejo de nuestra nave (vida) no es el adecuado llega un punto en que cualquier decisión que tomemos parecería ser la incorrecta, por lo cual, seguimos igual.

El verso dieciocho nos habla de la perdida. Aparentemente sucedían dos cosas. O la braveza del mar tiraba cosas al agua o los mismos marineros lo hacían para aligerar el peso de la nave. Frente a las tormentas que enfrentamos sin Dios siempre tenemos perdidas. Sea en la salud, en la economía o en la familia.

En el verso diecinueve vemos a Pablo y a Lucas, Autor y participe de libro de Hechos echando cosas por la borda. Hay oportunidades en que la braveza de la vida nos arrebata cosas y hay veces en que nosotros mismos nos encargamos, para preservarnos, de echar a otros por la borda. Recordemos como Adán echo por la borda a Eva, diciéndole a Dios que la culpa por su pecado se debió a Ella. Eva echo por la borda a la serpiente. Así muchas personas echan por la borda a otros para justificar su propia lejanía de Dios. ¿Cuántas personas se han apartado del evangelio por lo que otros han hecho? Como si la culpa de poner la fe, la confianza y los ojos en los hombres y no en Dios, haya sido de Dios y no de nosotros.

En el verso veinte encontramos una expresión muy fuerte por parte de Lucas: “Habíamos perdido toda esperanza de salvarnos”. Al no poder visualizar el cielo, habían perdido su sentido de dirección, y al no saber hacia dónde ir, encontrándose el barco en un mal estado a causa de todo lo que venían padeciendo ya habían perdido la esperanza. De todo lo que se pierde en esta vida, lo último es la esperanza.

En el verso veintiuno hallamos el “se los dije” de Pablo. Dios siempre utiliza algún medio para expresarnos su voluntad y advertirnos de nuestros malos caminos.

En el veintidós Dios envía un ángel para traer una palabra de salvación a Pablo y a todos los que estaban con él. El mensaje dice que la nave se perderá. Para comenzar de nuevo muchas veces es necesario que Dios destruya nuestra nave, aquella estructura sobre la cual estabamos parados y pensábamos que nos llevaría hacia donde nos parecía que podíamos llegar. Dios le dice a Pablo que él se salvaría por el testimonio que debía dar ante el emperador, y junto con a él, todos los demás navegantes. Es una perspectiva egoísta pensar que lo que hacemos con nuestra vida solo nos afecta a nosotros. Como parte de una familia todo lo que hacemos afecta a los demás. Y si por rebeldía actuamos autodestructivamente, no solo afectaremos nuestro futuro, sino también el bienestar de quienes permanecen junto a nosotros. De igual manera, si nuestras vidas reflejan el testimonio de nuestro salvador Jesucristo, no solo seremos salvos nosotros, sino que también alcanzaremos a quienes navegan junto a nosotros.
El apóstol Pablo dijo de sí:

“Por tanto, que los hombres nos consideren como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4:1 RV95).

La palabra “servidores”, en el original es “juperetes”, que quiere decir; “subremero” o “remero subordinado”. El apóstol está diciendo, que los hombres nos consideren como subremeros de Cristo. Es decir, nosotros remamos hacia donde Jesús nos dirige y no hacia donde nos parece bien a nosotros. Dice la Escritura que Jesús ascendió a la diestra de Dios y nos dejó al Espíritu Santo en su reemplazo para que este nos guie a toda verdad. Pidamos a Dios que su Espíritu Santo ilumine nuestras mentes para que naveguemos hacia nuestro futuro, hacia nuestra eternidad, cumpliendo con la voluntad de Dios agradable y perfecta (Romanos 12:2).

domingo, 2 de mayo de 2010

Un dios de bolsillo


Es muy común y hasta normal podríamos decir, en nuestros días escuchar a la gente decir fuera de la iglesia: “yo creo en Dios a mi manera”. Es decir, la gente reconoce una entidad suprema creadora de todo, sin embargo, ven sus vidas como exentas a esa creación y al dominio de Dios. ¿Qué es Dios para ellos entonces? Una salida de emergencia, un as bajo la manga, un saber que Dios existe en caso de necesidad. Algunos realmente llevan la imagen de sus dioses a quienes ruegan e invocan en tiempo de necesidad cual ídolos paganos en sus billeteras o monederos, como adornos dentro del auto o de la casa. Si bien, algunos los llaman santos, en realidad no son santos bajo los parámetros bíblicos. Según las Escrituras no existe la idea de que algunos seres humanos hayan llegado a ser “santos” en una manera especial o en un mayor grado que otros. Pablo escribe en su saludo introductorio a la iglesia de Corinto:

“...a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro...” (1 Corintios 1:2, RV60)

Todos los que invocan el nombre del Señor han sido llamados a ser santos. Además el verdadero significa de ser “santos” se aplica más a nosotros, quienes vivimos aquí en esta tierra, que a los mártires o cristianos que ya se encuentran ante la presencia de Dios. La palabra santo en el original, quiere decir apartado, separado como sagrado. ¿Separado de qué? De la vida pecaminosa que el mundo nos ofrece a diario. Por lo tanto, el verdadero llamado a la santidad se muestra y desarrolla, como decía Pablo, en esta tierra. Lo que hace diferente el ambiente en donde nos movemos no es el espacio de tierra, sino que el nombre de Jesús es invocado por nosotros.

Cuando el cajero de un banco debe aprender a distinguir un billete verdadero de uno falso, no se le muestran los cientos de billetes falsos que existen, sino todo lo contrario, solamente le enseñan el billete verdadero para que aprendan todos los elementos que lo conforman. Es así, que por la ausencia del algún elemento en el billete verdadero pueden distinguir un billete falso.

Lamentablemente mucha gente es engañada con muchos Jesús falsificados, con dioses de bolsillo, y lo peor de todo esto no es la imposibilidad de conseguir un milagro o satisfacer alguna necesidad, sino el no poder principalmente conocer al Dios verdadero, vivir de acuerdo a su voluntad y obtener su vida eterna. Si bien, Dios está interesado mediante su evangelio integral que recibamos, mediante sus grandísimas promesas las cosas que nos son necesarias para vivir esta vida terrenal, más interesado está aún de que recibamos la salvación eterna para nuestras almas. Con esto quiero decir, que cuando somos engañados y perdemos el tiempo con un dios de bolsillo, no ponemos en juego un milagro; ponemos en juego nuestra eternidad. El apóstol pablo se encontraba en una situación similar. Creía en Dios a su manera, persiguiendo y matando a los cristianos. Él dice de sí mismo:

v. 6 "Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;
v. 7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
v. 8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.
v. 9 Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.
v. 10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.
v. 11 Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.
v. 12 Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,
v. 13 vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.
v. 14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.
V. 15 Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.
v. 16 Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (Hechos 22:6-.16, RV60).

En el verso 7 Pablo, en ese entonces llamado Saulo, tiene un encuentro con Jesús y lo primero que le ocurre es caerse, probablemente de un camello y enseguida escucha la vos de Jesús preguntándole “¿por qué me persigues?”. En muchas oportunidades Dios permite que “caigamos” en las diferentes áreas de nuestras vidas para que podamos, en una condición más vulnerable escuchar su vos. Lo primero que Jesús dice a Saulo, es que a pesar de sus buenas intenciones el camino que está siguiendo no es el adecuado y que aunque crea Saulo que está haciendo la obra de Dios, en realidad la está destruyendo. En el evangelio de Jesús no hay un “a mi manera”, es a su manera o no hay otra manera. Dijo Jesús “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30, RV60). Cuando uno no sigue al verdadero Jesús cualquier imitación va en su en contra.

La primera pregunta que todo cristiano debería hacer es la misma que Saulo le hizo a Jesús en el verso 8: ¿Quién eres? Vemos como Saulo tenía originalmente un concepto erróneo de Dios, de Jesús y del evangelio. Más allá de todo lo que pudimos haber oído o aprendido con respecto a Jesús es necesario buscar una revelación personal de Maestro y dejando a un lado todos nuestros pensamientos preconcebidos con respecto a él, esperar sus respuesta. Jesús busca revelarse a nuestras vidas personalmente para que no hablemos de oído, como dijo Job, sino por experiencia.

El verso 9 dice que Saulo y los que estaban con él vieron la luz, pero que solo él, entendió, dicen otras versiones, escuchó, la voz de Jesús. Cuando Jesús se revela a nuestras vidas no siempre los demás entienden lo que estamos viviendo, lo que Jesús quiere hacer o espera de nosotros. Debemos estar dispuestos a ir contra la corriente si fuera necesario.

En el verso 10 encontramos la segunda pregunta ¿Qué hare Señor? Luego de entender quién es Jesús, entonces podemos preguntar qué hacer. Saulo hacía mucho, pero lo que hacía no era lo correcto; porque el conocimiento que tenía de Jesús no era el verdadero. Muchas veces se observa fuera y dentro de la iglesia a gente que quiere hacer mucho para el servicio y la obra de Dios pero por no conocer a Jesús actúan y reaccionan humana, es decir, a su manera y no a la de Cristo, y naturalmente dan lugar al mal testimonio. Existe una gran diferencia entre hacer la obra del ministerio y saber hacerla. La diferencia reside en el conocimiento que tengamos de Jesús. Un conocimiento falso de Jesús da como resultado un evangelio falso, un testimonio falso y una vida falsa. Y por el contrario, un conocimiento verdadero de Jesús transmite un evangelio íntegro capaz de cambiar vidas y de glorificar al único y verdadero Dios en toda su plenitud manifestada en la faz de Jesucristo mismo.

En los versos 11 al 13 vemos como Saulo es guiado por Dios nuevamente a su camino origina (Damasco) Pero ahora con una perspectiva diferente de las cosas. Recibe la vista a través de Ananías, sinónimo de realmente recibir la vista, la capacidad de ver, entender y conocer al verdadero Jesús.

El verso 14 nos habla del llamado de Saulo. Ananías le dice que Dios lo ha escogido para que conozca su voluntad ¿Cómo? Viéndolo y oyendo su voz. Ver a Dios es muchas veces más fácil que oírlo, especialmente cuando lo vemos, no como realmente es, sino encuadrado dentro de nuestra óptica limitada y finita. Mientras que oírlo, requiere de una disposición a escuchar y ejecutar su voluntad. En un concepto erróneo de Dios se interpreta a veces que Dios solo oye. Cuando uno escucha a las personas se da cuenta enseguida que hablan de Dios en relación a una petición o necesidad. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó a una persona hablar de lo que Dios quería de ella y no de lo que ella necesitaba de Dios? En realidad nosotros también debemos aprender a escuchar la vos de Dios en cualquier forma que se presente. No necesariamente debe ser en forma audible, puede ser por medio de situaciones difíciles, momentos de crisis, cambios, consejos, su palabra (la biblia), su Espíritu, hasta por las piedras si fuese necesario Dios puede hablarnos. La clave para conocer a Jesús es aprender a escuchar su voz, que nos revela quién es él, y que quiere de nosotros.

El verso 15 dice que Dios hacía a Saulo su testigo para que declare lo que había visto y oído. Para servir a Dios en cualquier aspecto de nuestras vidas, la familia, el trabajo, el estudio, etc. es necesario estar en las primeras filas de la acción. El testigo es una persona que presencia o adquiere un conocimiento directo y verdadero de algo. Cuando empleamos el verbo testificar para referirnos a la evangelización estamos refiriéndonos a la función de un testigo, es decir, a alguien que fué partícipe o adquirió en forma directa un conocimiento verdadero. Jesús quería hacer de Saulo su testigo, quería hacerlo partícipe de su verdad. Jesús quiere hacer de nosotros sus testigos. No basta ver y escuchar lo que Dios hace en la vida de otras personas, Jesús desea que nosotros también podamos experimentar como sus testigos la realidad y veracidad de su voluntad.

Y por último en el verso 16 Ananías dice a Saulo ¿Por qué te detienes? En otras palabras, ¿Qué esperás? Levántate. Si bien esta palabra no está dentro del contexto del verso 7 que describía la caída de Saulo, ya que se había levantado para ir a Damasco y encontrar a Ananías, luego de todo lo pasado, encontramos esta expresión como una preparación para la acción. Primero le dice “bautízate”. El bautismo simboliza sepultar al viejo hombre junto a la vieja vida. Esto también incluye las viejas nociones que teníamos de Dios, de Cristo y del evangelio. Pablo mismo le dijo a los corintos:

“Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora y a no pensamos así de él. Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo” (2 Corintios 5:16-17, DHH).

Luego le dice “lava tus pecados”. Por el orden en que se encuentra esta expresión, luego del bautismo, podría interpretarse como referente a la limpieza de pecados diaria, es decir al proceso de santificación. La limpieza de nuestras vidas es un trabajo diario, todos los días renunciamos al pecado, a la vieja vida y a la muerte que esta conlleva. Finalmente añade el versículo “invocando su nombre”. Invocar el nombre de alguien significa, llamar a alguien. ¿Llamar a quién? A Jesús. Es una necesidad fundamental para todo cristiano tener una relación personal con Jesús. Hay que llamar a Jesús por medio de la oración para establecer una comunicación, no un monologo. Podemos hablar y pedir, pero también es importante que aprendamos a escuchar su voz para conocer mejor su voluntad y entender así, que espera nuestro Señor de nosotros.

viernes, 23 de abril de 2010

¿Hacia donde voy?


Esta debería ser una pregunta que toda persona interesada en su futuro debería hacerse. Otras preguntas de tipo existencialistas como: ¿De dónde vengo?, la cual se refiere a una historia que no podemos cambiar, y ¿Quién soy? Esta es la identidad que tenemos como resultado de nuestra historia. Es decir, Lo que hicimos ayer, ha llegado a definir lo que somos hoy; no nos permiten acceder a la posibilidad de cambio como lo hace la primer pregunta: ¿hacia dónde vamos?

Dios no está limitado ante el contexto de dónde venimos, ni de quiénes somos, sino más bien, su atención esta puesta hacia dónde podemos ir, y quiénes podemos llegar a ser. La posibilidad de cambio esta en nosotros, siempre y cuando podamos preguntarnos, ¿Qué esperamos de nuestro futuro? Es decir, ¿hacia dónde vamos?

Mientras continuemos haciendo las mismas cosas que antes hicimos sin obtener resultado alguno, no podremos dirigirnos hacia una dirección mejor. Para que mejore nuestro futuro, es necesario comenzar, mejorando nuestro presente. ¿Cómo? Pensando, meditando en cual sera el fruto de las acciones que llevemos a cabo hoy.

¿Que dice la Biblia?

Las Escrituras nos comparten un hermoso ejemplo en la parábola del hijo prodigo:

Jesús
contó esto también : "Un hombre tenia dos hijos, y el más joven le dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la herencia que me toca.' Entonces el padre repartió los bienes entre ellos. Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Al fin se puso a pensar: '¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tiene comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Regresaré, a casa de mi padre, y le diré: Padre mío, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores (Lucas 15:11-19, DHH)

El pasaje dice que el hijo prodigo "al fin se puso a pensar" comparando su condición presente sin la ayuda de su padre, con su condición futura, aunque fuera como trabajador, junto a su padre. Solo, el hijo se moría de hambre, mientras que en la casa de su padre había comida de sobra. El hijo contempló (Pensó) la posibilidad de cambio. En otras palabras, hubo en su mente un cambio en la manera de pensar.

La biblia en el original griego traduce la palabra arrepentimiento, metanoia; significando un cambio en la manera de pensar. El hijo prodigo experimentó un arrepentimiento genuino, que luego desemboco en un cambio de actitud. Contemplar la necesidad de cambio, es tan solo la primera parte; la segunda, consta en llevarlo a cabo. El apóstol Pablo nos enseña:

"No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que es grato, lo que es perfecto" (Romanos 12:2, DHH).

La Biblia nos expresa que la vida está regida bajo el principio de la siembra y la cosecha (Gálatas 6:7). Esto quiere decir, que lo que vivimos hoy, es el resultado de lo que sembramos ayer. Y que lo que sembremos hoy, será lo que recogeremos mañana. No importa lo que hayamos hecho hasta aquí sin Dios, hoy tenemos la oportunidad de cambiar nuestra vida para vivirla junto a Dios. ¿Por qué padecer necesidades cuando Dios tiene en su casa bienestar de sobra?

Para tener una vida mejor es necesario comenzar sembrando un día a la vez, ya que haciendo de todos los días un día mejor, podremos experimentar un futuro mejor. ¿Cómo podremos comenzar nuestro mañana? Desde hoy. El bienestar que Dios tiene para nosotros abarca tanto esta vida, como la venidera. No continuemos viviendo una vida enlodada junto a los cerdos. Pensemos. No como hasta aquí, pensemos de manera diferente. Incluyamos a Dios en nuestros planes. Acerquémonos a El y experimentaremos el principio de una vida mejor, un día mejor. Bendiciones en este, ¡Tu día mejor!

Dr. Apolos.